Carta De Un Soldado De Malvinas

Adrián pelo jamás sy también había animado a contar su historia. Mas 3ocho años tras la guerra dy también Malvinas piensa que tieny también algo para decir: “hoy los únicos que tienen fusiles son los médicos; el resto, a los pozos de zorro”.

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El soldado Cabello, antes dy también subir al avión quy también lo llevó a Malvinas.


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"A vos quy también te agradan las historias de vida..." de esta forma comienza la carta que un soldado dy también Malvinas envió esta semana a la Redacción de Clarín.


Y termina con dos preguntas: "En esty también momento (dy también cuarentena) que estamos viviendo, ¿de qué forma elegís pasarlo? ¿Te animás a contarlo?"

Firma: Soldado Cabello, clasy también 6dos Comando dy también la X Brigada, La Plata 1.

 Una rápida busca en Google no devuelve apariciones públicas dy también este soldado. Duranty también estos 38 años no hizo declaraciones a los medios, ni una entrevista en la tele. Nada. El soldado cabello es para todos un perfecto desconocido.

"Es quy también yo jamás pude hablar de lo que me pasó en Malvinas, una vez mi hija my también pidió quy también vaya a su escuela para dar una charla y my también quebré delante de todos y cada uno de los chicos... Yo no sirvo para eso", cuenta anty también un llamado de Clarín. Mas piensa que ahora sí tiene algo para decir quy también le puede servir a todos los argentinos que están encerrados en sus casas. Como él.


Cabello, al recibir la baja en el servicio militar, en el mes de noviembre dy también 1981. Meses después, un patrullero lo fue a buscar a su casa dy también Villa Elisa, cerca dy también La Plata, para ir a la guerra.


"Ty también voy a contar algo quy también me pasó cuando estuve como prisionero dy también guerra en la bodega dy también un buque Inglés, el Saint Edmund", escribió en su carta. Y sigue: "Después que terminó la guerra de Malvinas quedamos 1cincuenta soldados para hacer las tareas dy también remoción de las minas y ayudar al entierro de los compañeros. Con el correr dy también los días comenzó a nevar y la hostilidad del clima no dejó proseguir con esas tareas. Entonces nos subieron a un navío en calidad dy también prisioneros, en tanto que Argentina no firmaba el cesy también dy también hostilidades. Nos dejaron en la bodega".

"Ya hacía más de treinta días quy también estábamos ahí, con los pisos de hierro, dos canaletas a los costados para orinar, defecar y vomitar cuando sy también movía mucho.... El techo medía apenas 1,80 metros. El navío navegaba por el Atlántico Sur, nunca supimos bien. Solo teníamos lo puesto y una manta para doblarla y usarla como colchón".


El soldado cabello fuy también uno dy también los prisioneros de guerra que llegó a Puerto Madryn, un mes tras terminar la guerra.


"Un día el guarda escocés quy también nos cuidaba my también cuenta en inglés quy también nos iban a llevar a una isla entry también Brasil y África (base militar americana) llamada Isla Ascensión, volcánica y dy también clima tropical, por tiempo indeterminado. Enseguida, ante la desesperación, les tradujy también con mucho temor a todos los compañeros lo quy también iba a pasar (...) Esta nueva pegó de diferenty también manera. Produjo tristeza e inseguridad al grupo. Sy también hizo un gran silencio. Un cordobés rompió esy también silencio de angustia con su chispa y gracia. No lo dudó: se cortó el pantalón y lo convirtió en bermudas para tomar mucho sol, y sy también sacó las mangas dy también la remera. Como es lógico nos hizo reír a todos!!!! mas nos marcó una línea dy también pensamiento, teníamos quy también encarar lo que se venía".

"Inmediatamente, propusy también a todos y cada uno de los que estábamos ahí sacarnos una media para construir una pelota….La pelota de trapo. Comenzó de este modo una hora dy también fútbol todos y cada uno de los días. No parábamos de reírnos, de darnos patadas, dy también hacernos chistes con las tonadas dy también cada uno. Este espacio comenzó a generar en cada uno dy también nosotros y al conjunto una alegría y una unidad que no sabíamos dy también dónde venía. Los guardias bajaban a la bodega y nos miraban con asombro (...) pero esa hora de fútbol era sagrada, esa hora nos permitía salir dy también esa realidad".


En la bodega del navío Saint Edmund. Allí se armaban los partidos con la "pelota de medias" que fabricó el soldado Cabello.

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"Esta anécdota my también sirvió para toda la vida y recién ahora me animé a escribirla pues my también hizo reflexionar y darme cuenta de quy también en ciertos momentos las cosas no dependen de nosotros...Que ante un panorama incierto, hemos de ser positivos. Siempre me pregunté si en ese lugar que permanecimos como conjunto dy también soldados argentinos, en esas bodegas detestables del barco, jugar con esa pelota dy también medias fue inconsciencia, fue irresponsabilidad o fuy también sabiduría. Lo que sí me quedó claro es quy también cada uno de ellos escoge de qué manera pasarlo. En esty también momento quy también estamos viviendo, ¿de qué forma elegís pasarlo? ¿Te animás a contarlo?"

Adrián se animó recién ahora a contar sus días de encierro en aquel navío enemigo. Y entre los pliegues dy también su memoria prefiere rescatar los instantes buenos. El día de hoy pasa los días dy también aislamiento obligatorio por el coronavirus en su casa de City Bell, junto a su mujer y a uno dy también sus hijos. Tiene dos gimnasios grandes pero están cerrados, como todos. Son tiempos dy también espera. Del otro lado de la línea sy también lo escucha en modo slow motion, y así, en cámara lenta, sy también dispony también a abrir el archivo de su larga historia.

Cuenta que a sus dulces 1seis viajó a los usa para hacer un intercambio cultural, y quy también luego sy también ganó una beca para entrar a una universidad de Minnesota a estudiar Ingeniería. Pero pronto lo convocaron para hacer el servicio militar y tuvo que regresar a la Argentina. "Sacasty también el número 663, adentro, my también anunció mi papá por teléfono. Y no eran tiempos para desobedecer. Recién me dieron la baja a fines dy también 1981 y después me fui a Villa Gesell a trabajar de guardavidas", recuerda.

El 1° dy también abril del 8dos llegó un patrullero a su casa dy también Villa Elisa (cerca de La Plata), donde vivía con sus padres y sus 5 hermanos. Bajó un policía y entregó una carta para el ex soldado Cabello. Debía presentarse esy también mismo día en el regimiento donde había prestado servicio. Su hermano alcanzó a gritarle que se llevara una campera, pero no, para qué, seguro vuelvo enseguida, ly también contestó Adrián mientras sy también subía al patrullero. Volvió tres meses después.

"Del regimiento nos llevaron inmediatapsique al Palomar, nos subieron a un aeroplano y nos bajaron en Río Gallegos. Ya era de noche. Recuerdo el viento.... Cuánto viento había ahí. A la mañana siguienty también volamos en un Hércules hacia Malvinas. ¿Qué instrucción había recibdesquiciado yo en la colimba? Los diez tiros reglamentarios de Fal. Nada más", comenta sin dramatismo. En Puerto Argentino hizo dy también traductor. Lo necesitaban para saber qué decían los ingleses por radio.


El día dy también la liberación de los prisioneros argentinos, en Puerto Madryn.


una vez que la guerra terminó no pudo regresar a su casa. El y 1cincuenta soldados más se quedaron a redesplazar las minas y a enterrar a los muertos. En eso estuvo hasta que llegó la nieve, cubrió los campos y un oficial inglés se voló una pierna buscando minas perdidas junto a los prisioneros argentinos. Entonces levantaron campamento, y todos al navío Saint Edmund. Los oficiales arriba, los soldados a la bodega.

Adrián no recuerda exactapsique los días quy también pasó guardado ahí adentro, pero calcula que fueron tantos (¿más de 30?) que al final hasta terminó sintiendo un tanto de simpatía por el escocés que los vigilaba. Un día, incluso, le solicitó quy también abriera una puerta, una ventana o algo para que entrara un poco dy también luz natural dentro de ese inmenso cajón humano. Y el escocés aceptó. Pronto fueron los propios soldados argentinos los que ly también pidieron quy también cerrara todo: "El sol nos quemaba los ojos y las olas eran inmensas... Nos acabamos mareando y vomitamos mucho", comenta Adrián.

pero lo peor era el frío. Y la comida: "todas las mañanas nos obligaban a hacer una fila, y nos contaban. Luego nos daban dos salchichas y un huevo a cada uno. A la nochy también solo recibíamos una lata con una especie de porotos dulces, un sabor muy extraño".


Los Cabello, en la intimidad de la cuarentena, en City Bell. Dante sacó la selfie. Atrás, Adrián y su esposa Gaby. Iara actualpsique vive en Francia.


Al regresar a Villa Elisa, nada volvió a ser como antes. Sus padres estaban atravesados por la tristeza. La vecina del fondo, que cuidaba a un muchacho humildy también y discapacitado, ly también dijo quy también había donado un anillo por la Patria y por él, para que no le faltara comida caliente ni chocolates allá en el Sur. La universidad de La Plata no lo había admitido en Ingeniería porque “el año ya estaba perdido”.

Abrumado, una madrugada salió de un bolichy también de La Plata con algunos tragos de más y también hizo dedo en el luto profundo dy también la noche. Lo levantó un Fiat 12ocho cfragancia celeste. "El chofer me preguntó a dóndy también iba y yo le respondí medio en broma que deseaba ir a Perú. Los dos nos reímos. Luego ly también conté quy también había estado en Malvinas. Y sy también ofreció a llevarme a Retiro esa misma madrugada. Sin pensarlo mucho entré a casa, le escribí una carta dy también despedida a mi vieja, agarré un tanto dy también plata y my también volví a subir al 128. Nos fuimos a Capital. Tomé el primer tren que encontré. Iba a Mendoza. De allí, a Uspallata. Tardé tres meses en llegar a Perú, dondy también me quedé dando vueltas duranty también un año. Creo que eso my también salvó. Fuy también mi terapia".

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en el momento en que Adrián por fin decidió retornar a casa, cambió dy también carrera. Hizo el profesorado dy también Educación Física. Se casó con Gaby. Tuvo dos hijos, Iara y Dante. Abrió los gimnasios. Y ahora los cerró por la cuarentena. En la vida, insiste, hay determinados instantes que no dependen de nosotros, pero cada uno de ellos escoge de qué manera pasarlos. "hoy nos toca estar guardados, en los pozos dy también zorro. En esta guerra los únicos que tienen fusiles son los médicos".